
La performance es propia del arte contemporáneo. Se inició a prinicipios del siglo XX con movimientos vanguardistas como el dadaísmo y el Surrealismo, pero su auge se remonta a los años setenta.
Esta expresión artística se puede considerar como interactiva ya que posee tres de sus elementos básicos: es abierta, variable y existe una relación entre el usuario (en este caso, el público) y el narrador o emisor (en este caso, los actores de la performance). Es decir, hay una interacción entre el emisor y el receptor, dándole la posibilidad al segundo de intervenir en la obra.
La performance es una "acción artística"; esta posee un elemento básico que también es propio de la intercatividad: mantener una directa relación con el público, es decir, con el usuario. De esta manera, la audiencia participa del acto comunicativo que le ofrece la performance.
Por otra parte es variable ya que puede ocurrir en cualquier lugar y en un tiempo indeterminado, es decir, puede durar mucho o poco o tener una duración media. Y a medida que se sucede el diálogo con el público, la obra puede seguir o concluir. Todo va a depender de lo que vaya ocurriendo en el transcurso de la acción.
Finalmente, es abierta por las mismas razones expuestas en el párrafo anterior: no tiene un tiempo determinado e, incluso, la obra puede ser modificada por el mismo público (los receptores) al tener la posibilidad de relacionarse con los actores (emisores).
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