miércoles, 13 de mayo de 2009

Geometría e Iconografía en dos Venus de Botticelli





Ya los griegos habían inmortalizado el canon de la mujer perfecta cuyas medidas eran 90, 60, 90. Era la Venus de Praxíteles quien, con sus manos, indica no sólo sus partes púbicas sino que, por sobre todo, aquellos atributos que representan sus fuertes.


UN POCO DE HISTORIA

Hacia el 1480 el pintor renacentista Sandro Botticelli retomó la venus praxiteliana para pintar dos obras que cuentan una historia pagana y que podrían ser un díptico: El Nacimiento de Venus y La Primavera, ambas en la galería de los Uffizi en Florencia, Italia.

Tanto en el Nacimiento como en la Primavera, la protagonista es la diosa pagana Venus, identificada como Simonetta Vespucci, mujer que habría ganado concursos de belleza durante esa época y de quien se decía que estaba enamorada de Giulianno Médici. Éste fue asesinado en la famosa conjura de los Pazzi hacia el año 1478 y, a modo de trágico final shakesperiano, ella murió tiempo después producto de una tuberculosis.

GEOMETRÍA E ICONOGRAFÍA

En el Nacimiento de Venus, tenemos 4 figuras. De izquierda a derecha, Céfiro quien está abrazado de Flora, sopla el viento que hace avanzar a Venus. Esta, a su vez está al medio en una posición de contrapunto formando una leve diagonal, lo que produce movimiento y a la derecha del espectador, está Primavera.

Céfiro y Flora, abrazados, son un símbolo del amor. El viento que éste sopla va a parar levemente a la mano izquierda de la Primavera quien, a su vez y con la misma mano, señala el pubis de Venus, es decir, su atributo más preciado. Las dos primeras figuras forman el lado de lo que podría ser un triángulo, Primavera sería el otro lado y, de esta manera, encierran a Venus, dándole aún mayor protagonismo. Ella es la más blanca de todas las figuras, por lo tanto, avanza hacia el espectador. Además, los árboles que están tras la Primavera son tres al igual que los lados de un triángulo y son laureles. Estos forman parte de la vestimenta de la última figura a modo de guirnaldas y representan el triunfo. Es más, antiguamente los ganadores eran coronados con hojas de laurel.

La Venus está en una concha, significado de fertilidad. Y el agua que la rodea es más bien el semen del dios Urano, castrado por su hijo Cronos y del que nace ella.

LA PRIMAVERA: ¿CONTINUACIÓN DE UN DÍPTICO?

En La Primavera, otra gran obra del mismo pintor, hay una división numérica en torno a los personajes: 1-3-1-3. A saber: Mercurio, de quien se dice que es Giulianno Médici, las tres gracias, luego Venus quien tiene a un cupido sobre su cabeza formando, ambos, una línea vertical, y finalmente otras tres figuras: La Primavera, Flora y Céfiro.

Se ha afirmado que se trata de un díptico porque, no sólo es la continuación de una historia sino que también es la continuación del mismo cuadro. Los árboles del nacimiento, que hacen las veces de una arquitectura clásica, siguen en la primavera. Y los tres personajes que están en el primero se repiten al final del segundo como si se tratara de un ciclo, como si se tratara del cierre de algo. Estas tres figuras (Céfiro, Flora y la Primavera) cierran el ciclo de una historia.

El Cupido que vuela sobre Venus se encuentra con los ojos vendados, por lo tanto no sabe a quiénes va a flechar: una de las tres gracias, para ser más precisa, la del medio, será a quien golpeará más duramente con un amor no correspondido. Se ha dicho que se trata de Simonetta Vespucci porque está mirando atentamente a un Mercurio que es más bien Giulianno Médici, el que le da la espalda.

Venus está encerrada por un arco de medio punto formado por la naturaleza (los árboles) y el paño que lleva puesto y que toma de la misma manera en que se toma el cabello en El Nacimiento de Venus, es rojo, el mismo color que lleva puesto Mercurio en su túnica; y las tres gracias están vestidas con el mismo velo transparente que Flora, la que, además está siendo tomada por Céfiro y a la que se le escapa un grito del que nacen flores que riegan el paisaje natural del que está dotado el cuadro.

CITAS

La protagonista de todas estas obras es una venus praxiteliana que, si bien en La Primavera está vestida, ya en El Nacimiento se desnuda, mostrando no sólo el cuerpo humano femenino sino que, mostrando al espectador de hoy que se trataba de un claro estudio de la anatomía. La distancia entre los senos es la misma que de estos al ombligo y de este último a sus piernas.

El arco de medio punto que la encierra La Primavera podría tratarse de la cúpula de Santa María del Fiore construída por Brunelleschi, contemporáneo de Botticelli, en el quatrochento.

Mercurio podría tratarse de una cita al David de Donatello: tienen la misma pose de contraposto. Y ya las tres gracias eran conocidas en la época clásica.

UNAS FRASES FINALES

Estas obras no se podrían comprender sin no se entendiera de la misma manera todo el Renacimiento que comenzó en Florencia. Se trató de una corriente artística que nació gracias al intercam,bio comercial: Florencia y, en general, toda la zona de la bota itálica, se prestó para estos intercambios entre el Oriente y Occidente.

Los artistas de entonces retomaron la antiguedad clásica y uno no se podría entender sin el otro. El escultor Donatello, el arquitecto Brunelleschi, el pintor Masaccio y el orfebre Ghiberti fueron los primeros que, se podría decir, dieron forma a esta corriente. A partir de ellos, Botticelli llegó a ser lo que fue e, incluso, mucho más.

Agradecimiento epecial a la profesora Claudia Campaña de la Pontificia Universidad Católica, curso Historia del Arte I.

"Los Arnolfini". Una lectura renacentista


La gran obra de Jan Van Eyck y que hoy se puede apreciar en la National Gallery de Londres, tiene diversas lecturas que no pueden pasar desapercibidas por un espectador que la tiene frente a sus ojos.

LAS DOS ESCENAS

El candelabro, efectuado magistralmente por el pintor flamenco, divide la escena en dos, dejando al lado derecho de la audiencia, a la mujer y, al lado izquierdo, al hombre. Sin embargo, si nosotros, espectadores, nos posicionáramos detrás de los protagonistas, tendremos al lado derecho al hombre y a la izquierda a la mujer. De esto se puede hacer una primera lectura que tiene que ver con la posición de cada sexo en la sociedad de entonces: el hombre está a la derecha de Dios padre y la mujer a su izquierda, representando esta última lo malo, lo pecaminoso. Al fin y al cabo, fue Eva quien tentó a Adán a probar el fruto prohibido y fue por su culpa que ambos fueron expulsados del paraíso. Entonces, a pesar de tratarse de una obra del quatrochento, los signos se repiten, encontrádonos con iconografía medieval en la que Cristo entronizado (generalmente en una mandorla) apunta al cielo con su mano derecha y con la izquiera apunta hacia el infierno.

LOS ROLES DEL HOMBRE Y LA MUJER

El rol de Giovanna Cenami, la prometida, se deja entrever. Ella está alejada de la ventana y es más bien de tez blanca, lo que significaría que ella pertenece al hogar; otra idea al respecto está dada por lo forma en que se toma sus faldas tocándose levemente el vientre, símbolo de entrega y, una vez más, la idea de su rol como esposa: ella debe entregarle hijos a su futuro marido. Sin embargo, a pesar de tener sobre su mano derecha una gárgola que representaría el pecado inherente a la mujer, sobre su cabeza se proyecta a Santa Catarina, lo que significaría que esta mujer a punto de casarse aún está a tiempo de ser una santa y, por otra parte, la luz natural proveniente de afuera y que se proyecta desde la ventana, la ilumina, dotándola de santidad y pureza. El blanco sobre un campo oscuro avanza y el fondo retrocede, dándole un mayor protagonismo a la joven.

En tanto, Giovanni Arnolfini, el joven cuya mirada no es precisamente la de un hombre contento porque se va a casar sino que más bien hierática y melancólica, está en el lado derecho de la escena (a la izquierda del espectador). A sus pies, un gracioso perro es la demostración de la fidelidad con el hombre; él está junto a la ventana, por lo tanto se sobrentiende que él pertenece a las afueras, al mundo del comercio, al exterior.

LOS OBJETOS

Las naranjas en invierno no son comunes si no es porque han sido importadas. Así, el fruto mencionado que está en el cuadro es una manera de decirnos que los Arnolfini son una familia de comerciantes ricos.

En aquella época era común que hubiesen camas no sólo en los dormitorios sino que también en los salones, por eso se puede deducir que en el momento solemne de este matrimonio, probablemente estuvieran en un salón. Además, el vestido de ella se complemente con las sábanas de la cama (colores complementarios verde y rojo), dándole aún más armonia al cuadro.

Van Eyck no pudo ser más genial en la representación del espejo; no solo se proyectan las figuras de los jovenes esposos sino que también otras dos figuras que podrían ser los testigos y, a su vez, el propio Van Eyck que se ha autorretratado. Este espejo es redondo, signo de lo cíclico; de hecho, en su marco se ve cómo, en miniaturas, logró representar los distintos momentos de la vida de Cristo. Se trata de un objeto que no sólo representa las riquezas sino que, también, es ese objeto de vanidad (narciso se ahogó en su reflejo); es asímismo, una manera de firmar del autor, de que fue testigo del matrimonio de los Arnolfini toda vez que leemos, en el mismo espejo, la inscripción en latín que se traduce de la siguiente manera: "Jan van Eyck estuvo aquí, 1434".

La lectura de esta gran obra podría seguir. Sin embargo, prefiero no extenderme mucho más; sólo dejar en claro que estamos ante un genio del Renacimiento. Un hombre que logró plasmar nuevas ideas en sus cuadros. Un hombre de mundo. Un hombre renacentista por excelencia.

Ver también: El Hombre del Turbante Rojo y La Vírgen de Rolin, ambos de van Eyck.

Agradecimiento epecial a la profesora Claudia Campaña de la Pontificia Universidad Católica, curso Historia del Arte I.