
Hacía calor, los dos días anteriores habían estado de lo más macabros, y lo único que queríamos era darnos un baño en la piscina del hostal.
Estábamos en Ferrugem, Brasil. Y era época de Carnaval. Todo caro. Comíamos poco. En realidad, nuestra comida se había reducido a un pan con tomate y a lo que osábamos en sacar del desayuno buffet que incluía el costoso alojamiento. Más les valía darnos desayuno!! Por 40 reales la noche, es como mínimo.
Y ahí estábamos. veníamos de la playa, cansadas y con ganas de usar la piscina desde que llegamos.
Pero no pudimos. El sonido de los tambores atrajo nuestra atención. Una bandada de homosexuales vestidos de su sexo opuesto bailaban y gritaban "Un besinho!!" y "Escondidinho!".
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